Satrusto daba mucha pena. Era un tipo tan anodino y aburrido que nadie se acercaba a él. Hasta pensar en él era soporífero. Un día intenté no dormirme al mirarlo y no hubo manera, en cinco saltitos había caído en brazos de Almohado, que así se llamaba el dios del sueño en aquel patético lugar. Debo decir que el tiempo en aquel planeta se medía en saltitos, de modo que cuatrocientos trece saltitos hacían un mondongo y mil trece mondongos eran un julepe. El año tenía más o menos tres mil julepes, en función de la estación y de la temperatura corporal de las salamandras. Confuso, lo admito, pero a todo se acostumbra uno.El caso es que un buen día Salustro tuvo una visión, una epifanía o yo que sé qué. A lo mejor se golpeó la cabeza y, simplemente, se volvió imbécil. Lo bien cierto es que decidió que sería el primer hombre de su mundo, pues doce mujeres lo habían logrado ya, en esquivar las gotas de lluvia. Ni que decir tiene que fracasó como sólo pueden fracasar los iluminados sin cerebro. Su primer intentó fue lamentable, en cuanto salió de casa un goterón del tamaño de una canica le estalló en la frente sin que apenas hubiera dado un paso. Hubo risas y algún lloro (básicamente de su esposa que estaba al borde de la apoplejía por vergüenza ajena) pero el bueno de Salustro no se desanimó. Al día siguiente, con una tormenta de mil demonios, volvió a intentarlo después de haber estado todo el día practicando y contorsionándose como un memo en el salón de su casa mientras su mujer le lanzaba zanahorias vociferantes para que desistiera de aquella absurda empresa. El fracaso fue, si cabe, más estrepitoso que el primero pues antes de abrir la puerta una gotera le empapó la espalda. Adiós al sueño. Salustro fue denostado y además de aburrido pasó a ser considerado Patético. Salustro Patético. Su mujer le dejó después de agotar el suministro de zanahorias vociferantes y sus vecinos le obligaron a marcharse del barrio.
La verdad es que, aunque era un tipo francamente desagradable, extraño e incomprendido, no me pareció bien el trato que recibió por parte de sus congéneres. Pasó el resto de su vida arrepintiéndose de aquella absurda idea o al menos eso decía, pero yo creo que, en el fondo, seguía albergando al estúpida esperanza de que, algún día, encontraría la manera de esquivar las gotas de lluvia. Siempre sospechó que los fabricantes de paraguas de su planeta, principal negocio del lugar, estuvieron detrás de su fracaso.
La verdad es que, aunque era un tipo francamente desagradable, extraño e incomprendido, no me pareció bien el trato que recibió por parte de sus congéneres. Pasó el resto de su vida arrepintiéndose de aquella absurda idea o al menos eso decía, pero yo creo que, en el fondo, seguía albergando al estúpida esperanza de que, algún día, encontraría la manera de esquivar las gotas de lluvia. Siempre sospechó que los fabricantes de paraguas de su planeta, principal negocio del lugar, estuvieron detrás de su fracaso.
6 Comentarios:
Hay mucho Satrusto en cada uno de nosotros. El otro día empezó a llover y aunque no llevaba paraguas (maldita industria paraguera) la primera gota tardó mucho en caerme encima. Me sentí más poderoso de lo que me he sentido nunca.
Bien amigo Petrarca, si reencuentro al tal Salustro en algúno de mis absurdos viajes, tenga usted por cierto y seguro que le hablaré de su éxito.
Este es el primer relato que leo de Tuz Kutimon. No me parece nada absurdo.
El personaje esta excelentemente construido hasta el punto que llega a ser entrañable en su "estúpida esperanza"
Da que pensar en la parte Satrusto de hay en cada uno de nosotros; ¿Donde esta el punto en el cual la esperanza se vuelve estúpida?
PUes bienvenida al mundo de Kutimon Lurdes, se agradece la visita y el comentario y tanto Kutimon como yo... espera, que somos el mismo ser..., el caso es que esperamos volver a leerte por aquí.
No lo dudes, seguiré leyendo y comentado tus escritos tanto en tu blog como en persona con mi gran amiga Sandra. Ella ha sido la que me ha dado a conocer tu blog. En nuestras acostumbradas conversiones en ingles, hablamos de la vida, de libros, de cine, de Xativa, del mundo, de todo un poco...
Yo lo que tengo claro es que Salustro se equivocó completamente en su planteamiento, puesto que en lugar de tratar de esquivar las gotas de lluvia tendría que haberlas convencido de que no le alcanzaran.
Cuando le vuelva a ver transmítale mi consejo, además del éxito de Petrarca, claro está.
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