jueves 27 de mayo de 2010

Presos

¡Afuera! Gritaban los guardias como si estuvieran locos mientras los presos se aferraban a los barrotes o a los inmundos camastros en los que dormían, todo con tal de que no los sacaran de allí. Les daban de cachiporrazos en las manos, en la espalda y hasta en las nalgas pero por cada uno que soltaban, cinco más se encerraban en sus celdas y se negaban a entregar las llaves. Aquella prisión invertida era el lugar más gracioso en el que había estado en días y aunque empecé como guardia con un contrato de diez minutos, no tardé en ponerme un uniforme de recluso y mandar a mis jefes a tomar viento fresco deseando que pillaran un buen resfriado o en su defecto una diarrea de tomo y lomo.
- ¡Recluso Kutimon! - me gritó descontrolado el sargento Corralejo - Salga de su celda ahora mismo o me voy a enfadar.
Iba yo a responder a mi antiguo compañero cuando una boñiga del tamaño de una sandía pasó volando frente a mi y fue a estrellarse sobre el rostro de aquel vociferante desgraciado. La verdad es que fue un boñigazo en toda regla. Certero, directo y oloroso en grado sumo. Fue lo que se dice un atentado de mierda. No hubo aviso y el factor sorpresa fue determinante. Me eché a reír a mandíbula batiente aunque al pobre Corralejo la cosa no le hizo tanta gracia, más bien ninguna, y se fue a por el autor de tan escatológica agresión mientras este, viendo la somanta de palos que se le venía encima, se esforzaba inútilmente por generar más munición.
Así transcurrían los días en la penitenciaría de Pitacambra. Los guardias echando presos a patadas por la puerta y estos asediando el penal, tratando de colarse a cualquier precio para llegar a sus celdas. Me recordó a cierto Sanicomio en el que estuve trabajando un tiempo aunque no sabría decir porqué. Lo cierto es que me divertí un tiempo pero, como me suele pasar, terminé por agobiarme en aquella prisión plagada de gente rara y mis ansias de viajar terminaron por sacarme del lugar cosa que, como podrán imaginar, no me costó demasiado. Mis compañeros reclusos me abuchearon al marchar acusándome de esquirol, de colaboracionista y de mil cosas mas mientras los guardias, con lágrimas en los ojos, me daban las gracias y rezaban a los dioses para que cundiera el ejemplo. Creo que fui el primer recluso que se marchó de allí por voluntad propia en muchos años.

3 Comentarios:

Petrarca dijo...

El mundo al revés, escatología... Sí, no hay duda de que Tuz Kutimon vuelve a las andadas. Por suerte, aquí ningún ojo ha resultado herido. :)

Tuz Kutimon dijo...

Deme tiempo amigo mío... deme tiempo que ya tengo el bolígrafo preparado.

natsnoC dijo...

Miedo me da, Amigo Kutimon, saber de qué se refugiaban los pobres infelices.

A ver si me pongo al día, que llevo mucho retraso.