Imagínense ustedes la cara de pasmado que se me quedó cuando vi la estrella ahí tirada, junto a un gran roble milenario, emitiendo un brillo blanco azulado precioso, intenso y acogedoramente cálido. A uno le entraban ganas de cogerla y acunarla como si se tratase de un bebé cosa que no hice por que las diminutas reacciones nucleares que se producían en su interior me hubiesen achicharrado los brazos en un santiamén. Consciente de la gravedad de la situación y muy preocupado por la pobre estrella, miré al cielo nocturno e inmediatamente localicé el lugar desde el que había caído; en el hueco oscuro que había quedado en la constelación que ocupaba el cénit podían verse, tenues y tímidas, otras luminarias que hasta ahora permanecían eclipsadas por el poderoso brillo de aquella estrella perdida.
Saqué de mi zurrón los guantes especiales que siempre llevó para estos casos y recogí la estrella con muchísimo cuidado. Por si no lo saben les diré que, pese a su aspecto imponente y poderoso, las estrellas son seres extraordinariamente frágiles a los que hay que tratar con delicadeza ya que se vuelven inestables y explotan con facilidad y les aseguro que lo de verse en el brete de tener una supernova entre manos no es negocio del agrado de nadie, al menos del mío no. El caso es que había que volverla a colocar en su sitio como fuera, de todos es sabido que cada cosa tiene su lugar y el Universo no tolera este tipo de desmanes durante mucho tiempo. De hecho la constelación en cuestión empezaba ya a desbaratarse lentamente y no tardé en darme cuenta de que aquello amenazaba con convertirse en un desastre a escala cósmica por culpa de la puñetera ley de la gravitación universal. Menuda gracia oiga, se cae un estrella y todo el cielo se vuelve loco y de paso nos vamos todos al garete. Si de mi dependiese las estrellas tendrían libertad para ir y venir a su antojo, pero que quieren que les diga, yo no hago las reglas. Lo primero en lo que pensé fue en buscar una escalera pero dado que me hallaba en medio de un bosque ancestral y olvidado por todos, obvia decir que no la encontré Fue entonces cuando miré al enorme roble junto al que me hallaba y pensé que tal vez desde la copa lograse alcanzar el cielo y colocar la estrella.
Ágil como un mono trepé y trepé hasta que, una vez arriba, saqué la estrella del zurrón de piel y sujetándola con la mano izquierda me estiré cuanto pude en un vano esfuerzo por devolverla a su hogar. Me faltaban como cinco millones de años luz para alcanzar el lugar exacto. Dispuesto a no fracasar y salvar el Universo me concentré mucho y volví a estirar el brazo con fuerza mientras cerraba los ojos y ponía cara rara. Creo que esta vez me aproximé un poquito más pero aún así fracasé de nuevo. Esto es el fin, pensé, el Universo se va al carajo y todo por que no he sido capaz de volver a poner una estrella en el cielo. Absurdo, como toda mi vida.Aquel pensamiento fue mágico. Tal vez una idea absurda fuese la solución. Envolví la estrella en un paño y la coloqué despacito sobre una de las ramas más largas y flexibles del roble a modo de catapulta. Lo de apuntar iba a ser un problema pero al fin y al cabo lo que había que hacer era enviar aquella estrella de vuelta al firmamento, del resto, supuse yo en un alarde de ingenuidad cósmica, ya se encargaría la naturaleza. Error. Me salió un lanzamiento perfecto y alcancé de lleno a una gigante roja que brillaba muchísimo y que, al salir despedida fuera de su órbita, fue a golpear a otras cinco estrellas mas iniciando una loca y destructiva reacción en cadena. A partir de ahí sobrevino el caos. Las estrellas empezaron a chocar unas contra otras completamente fuera de control y dado que la cosa, pese a lo hermoso del espectáculo, pintaba bastante mal decidí largarme de allí a toda prisa y pasar a una realidad alternativa con menos perspectivas de Apocalipsis inmediato pues aquella tenía poco futuro... o al menos eso me pareció.
2 Comentarios:
Si las buenas intenciones sirven por sí mismas yo creo que el universo deberá seguir funcionando. A las 11:53 (GMT+1) del día de hoy en el planeta Tierra así lo parece. Gracias Tuz!
De nada Petrarca, uno hace lo que puede que no es poco ni mucho, solo es; tal y como se puso el asunto pensé lo peor y me alegra saber que por allí todo gira como siempre.
mermud: híbrido entre sirena de mar (no de las que suenan) y mulo que vive en las aguas del Atlántico y que tiene una peculiar forma de nadar.
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